Archivo | Materia pendiente RSS feed for this section

Leyenda de San la Muerte

8 Nov

En los Esteros de Iberá se cuenta una leyenda sobre San La Muerte. Cuentan los lugareños que en la región, hace 150 años aproximadamente, había una prisión en donde estaban albergados los leprosos. A estos, por miedo al contagio, los tenían apartados de los demás reclusos, en una edificación alejada, En el pueblo existía un “Payé” (medico brujo), unos dicen que fue un monje Franciscano o un monje Jesuita que cuando Carlos III de España los expulsó de la región, se quedó en el lugar para ayudar a los indígenas. Este Payé era conocido por su poder de curación, a través de la administración de yuyos, brebajes, curaciones “de palabra” y oraciones, la administración de una agua curativa y su gran amor al prójimo, en el cual abarcaba también a los leprosos cuando éste se adentraba en sus celdas para ofrecer agua a los enfermos en la culminación de sus vidas por medio de la enfermedad.

Este monje era poco para toda la comunidad. Sus tareas se debían multiplicar para dar auxilio a todos los que requerían de su ayuda para curar males del cuerpo como así también males espirituales, o bien sacarle “algún daño” a una persona que había sido victima de algún “ojeo”, por otra mal intencionada. El Payé se hacia su tiempo para correr hasta la orilla del río (o Laguna), sentarse bajo algún árbol frondoso, ponerse en cuclillas, y meditar mirando correr el agua.

Hasta que, llegaron al lugar nuevamente los salcedotes cristianos, que volvían a retomar la empresa comenzada por los misioneros. Estos sacerdotes al enterarse de la presencia del Payé, confabularon con las autoridades y  apresaron a este monje, encerrándolo en una celda con los leprosos. El Payé, sin oponer resistencia se dejó conducir. Pero en protesta hizo ayuno y de pie; apoyado en un callado (bastón largo que utilizan los pastores o los viajeros para ayudarse a caminar),hasta que la muerte le llegue en un momento. Nadie se dio cuenta de su muerte hasta luego de un tiempo prolongado cuando abren la puerta de su celda y lo encuentran muerto, de pie con su túnica negra, apoyado en el callado (que tenia forma de L invertida) sus carnes consumidas, era solo su esqueleto cubierto por la piel.

El apodo de Señor La Muerte puede venir, porque Payé, se ocupaba de las personas con lepra, (que en esa época tener esta enfermedad, la cual no tenía cura, era una sentencia de muerte segura).

Anuncios

San La Muerte (música de terror de fondo)

6 Nov

San La Muerte es un personaje o entidad venerada en la antigua región guaranítica de América del Sur y principalmente en territorios del Paraguay, del noreste de Argentina, principalmente en la provincia de Corrientes y en menor medida en Misiones, Chaco, Formosa y, al sur de Brasil. Desde los años`60 debido a las migraciones internas el culto se ha extendido a ciertas zonas de la provincia  de Santa Fe y, especialmente, al Gran Buenos Aires.

Además de San La Muerte se le llama: Señor de la Buena Muerte, Señor de la Paciencia, San Justo Nuestro Señor de la Buena Muerte, Nuestro Señor de Dios y la Muerte, San Esqueleto , Ayucaba,Señor que Todo lo Puede (particularmente en Formosa), San Severo de la Muerte (especialmente en Corrientes y en Formosa), o – a veces por temor– solamente San o “El santito”.

A San La Muerte se lo invoca igual que a otro santo, con la diferencia que a éste sus fieles también le pueden llegar a pedir que realice algún daño a alguien.

Origen

Se encuentra en la religión guaranítica. Algunas naciones veneraban los huesos de los antepasados a quienes pedían protección contra los fenómenos naturales y las fuerzas espirituales malignas. (Otras temían el contacto con los restos humanos y los evitaban) En tiempos de las Misiones jesuíticas guaraníes, la creencia se mezcló con elementos de la fe católica y también con la de los africanos esclavos, pudiendo afirmarse que el origen se puede rastrear en este sincretismo.

Existen relatos sobre el origen de este personaje, que lo describen como a un monje que fue ejecutado en la hoguera pero está considerado un origen apócrifo. También se habla de un hombre descarnado en posición fetal, un rey famoso que muere y representa a Dios y un médico brujo que ayudaba a los reclusos leprosos alejados en una celda.

Veneración

Este amuleto no se considera eficaz si no está bendecido, pero siendo considerado parte de un culto no cristiano la iglesia se niega a realizar bendiciones de la estatuilla o cualquier representación de San La Muerte, por este motivo sus devotos acuden a las misas católicas con estas representaciones y cuando el sacerdote imparte la bendición el portador toma a la imagen con sus manos así le “transmite” la bendición, una alternativa es pedir la bendición de la figura a dos personas que sean consideradas católicas.

Los portadores del amuleto de San La Muerte creen ser invulnerables a maleficios y desgracias y que el amuleto atrae el amor y la buena fortuna, la creencia popular se basa en pedirle rezando al Santo y a cambio hacerle una ofrenda. Ofrendas usuales son golosinas, whisky, cigarrillos, o flores.

Usualmente le ponen velas (bujías, candelas) y/o se le escriben oraciones.

El culto a San La Muerte aunque no tiene “días canónicos” sí considera especiales al Viernes Santo y al Día de los Fieles Difuntos (o día de los muertos).

Otras historias de travesías

18 Oct

Desde hace 11 años recorre el mundo caminando

Un hombre de 56 años volverá en octubre a Canadá, de donde partió. Sólo lleva un carrito.¿Por qué lo hace y cuál es su próximo objetivo?

Un hombre canadiense de 56 años completará el domingo 16 de octubre la vuelta al mundo caminando, travesía que inició hace 11 años y que lo llevó a recorrer 75 mil kilómetros, publicó La Nación.

Jean Béliveau comenzó con este recorrido el 16 de octubre de 2000 y culminará el mismo día y mes pero de este año, en Montreal.

Ahora está atravesando la ciudad de Kingston, a orillas del lago Ontario, una de las últimas etapas antes de llegar a destino de donde partió para dejar atrás una depresión.

Luego de atravesar 64 países, el hombre llegará a la provincia de Quebec, iniciando así la última etapa de su largo periplo en favor de la paz.

En Ottawa hará una pausa y reanudará su caminata el 8 de octubre y se dirigirá a Montreal donde llegará ocho días más tarde.

El canadiense atravesó desiertos y montañas. En México estuvo nueve días, usó turbante en Sudán, comió insectos en África, animales exóticos en China y necesitó ser escoltado por soldados en Filipinas.

Durante los 11 años que lleva caminando no necesitó atención médica intensiva y no sufrió enfermedades graves. Los episodios más problemáticos lo vivió en Sudáfrica, atacado por dos ladrones, y en Addis Abeba fue arrestado sin saber el motivo.

Durmió bajo puentes, en refugios para indigentes, en prisiones y se sintió rechazado en Perú donde no logró tener contacto con la gente que aparecía en su camino.

Partió con un pequeño carro con elementos indispensables para sobrevivir y cuatro mil dólares, la suma aproximada que gastó en un año de caminata.

Profesor de escuela ruso realizó una travesía por varios países de Suramérica a punta de bicicleta

¿Y ahora? El próximo objetivo de Béliveau será escribir un libro, dar conferencias y promover la armonía entre la gente.

ladímir Kochetkov, un profesor de geografía de la escuela secundaria de Ulianovsk, autor de varios libros,  regresó de su viaje en bicicleta por los países de Suramérica.

Durante un mes, el viajero superó más de cuatro mil setecientos kilómetros. El viaje a  America del Sur es una de las etapas de su vuelta al mundo, que comenzó  en  1998 y es  patrocinada por la Sociedad Geográfica Rusa y el gobierno regional. Esta travesía fue dedicada a la memoria del famoso científico,  geógrafo y  “padre de  la climatología” de Rusia del siglo 19, Alexandr Voeikov.

Antes,  Kochetkov  ya hizo recorridos en su bicicleta  por Eurasia, America del Norte, Australia, China, India, Pakistán, Irán. Y llegó  a superar más de 90 mil kilómetros en todo  el mundo.

El 27 de agosto, Kochetkov voló a Lima (Perú), para comenzar su viaje. Conoció las carreteras, ciudades  y gente de Perú, Bolivia, Argentina, Brasil.  Bordeó Paraguay, entró otra vez a Argentina y  desde Buenos Aires,  regresó a su pueblo natal cerca de Ulianovsk, donde vive y trabaja.

Según Kochetkov, lo más complicado durante su hazaña fue el ¨Soroche¨, o el Mal de altura, al cual no estaba preparado. Gran parte del camino fue por los altiplanos peruanos y bolivianos sobre más de 4.000 metros.

“Es un estado, cuando no puedes respirar, no puedes andar, como si estuvieras amarrado, cada paso es un martirio, recuerda Vladimir, no hay carros en la carretera y estas completamente solo. Allí es donde  comprendí todo el peligro de estos viajes.  Bajé 8 kilos en los Andes.

Sin embargo, y a pesar de complicaciones y la velocidad promedia de 10 kilómetros por hora en las alturas, Kochetkov pudo conocer  la ciudadela inca de Machu Picchu, la Puerta Solar en Tihuanaco, el lago Titicaca, y el inmenso salar de Uyuni en Bolivia.”

Vladimir Kochetkov también sale a sus viajes acompañado por sus estudiantes.

Así, en el 2004, un equipo de escolares, encabezado  por su profesor, recorrió parte de   los Estados Unidos de América.  El siguiente año cruzaron  Europa. También han viajado mucho por Rusia y por su región natal.

Todos sus viajes son interpretados en sus libros y artículos, y a Kochetkov aún le faltan por recorrer muchos destinos – Canadá, Alaska, Nueva Zelanda, algunos países del Oriente y el continente africano. 

“El Vasco de la Carretilla”

18 Oct

Guillermo Isidoro Larregui Ugarte nació en Pamplona el 27 de noviembre de 1885 en el barrio de la Rochapea y llegó a Buenos Aires con solo quince años en 1900.  En los primeros tiempos trabajó como marino hasta que se trasladó a la Patagonia para trabajar como peón en una multinacional petrolera norteamericana en la que estuvo hasta 1935.

La apuesta: el comienzo del viaje

Ese año, durante una reunión con amigos hizo una apuesta que le cambió la vida y que lo convirtió en uno de los personajes más excéntricos y famosos de la Argentina.  “Nos hallábamos reunidos con varios amigos comentando los récords deportivos.  Yo les decía que no siempre el ruido que se hace en torno de una prueba deportiva guarda relación con el esfuerzo”, comentó Larregui a Ecos Diarios (Necochea, Pcia. de Buenos Aires) durante su visita. “Yo me animaría, les dije, a cruzar toda la Patagonia a pie y a ir hasta Buenos Aires con una carretilla.  Lo tomaron a broma y uno de ellos me trajo una carretilla.  Luego, cuando vieron que yo me disponía a emprender el viaje y que la cosa iba en serio, se sorprendieron”, agregó.

La travesía: desde la Patagonia hasta Buenos Aires ¡CAMINANDO!

Y así lo hizo; después de un año y dos meses en los que ha recorrido 3.400 kilómetros, el 25 de mayo de 1936, ingresó en la Capital Federal en medio de un recibimiento del que participaron altas autoridades políticas nacionales.  En los salones del diario Crítica dio por finalizado su raid.   “He llegado por que soy vasco –decía Larregui-; soy vasco y tenía que llegar.  Por eso pude terminar el viaje.  Cualquier otro se hubiera quedado en las primeras etapas, ¡yo no! Había prometido hacer este viaje y lo hice.  Me agradaría dar la vuelta al mundo empujando mi carretilla.  Me sobran fuerzas y voluntad, para eso soy vasco.  Pero me faltan recursos.  Soy pobre y un viaje así exigiría mucha plata”.

“En los alrededores de Trelew –continúa Larregui- fue donde pasé las peores etapas.  Allí el frío llagaba a 20 grados bajo cero.  Caminaba en medio de la nieve.  Hubo momentos en que perdía la noción de todo.  No sentía mis manos ni mis pies, ni siquiera el peso de la carretilla.  Era cono si, de golpe, alguien me empujara y yo fuera de plumas.  A veces creí que era tan liviano que el viento me iba a llevar.  Pero yo sabía que si me paraba me iba a morir congelado y entonces apretaba el paso.  Así, caminaba y caminaba como dormido hasta llegar a algún rancho donde descansar.  Me daba friegas en las manos y pies con caña.  De ese modo reaccionaba y podía dormir”.

– ¿Cuántos pares de zapatillas ha gastado? – le pregunta el periodista.
– “31 -es la respuesta-  El mate y la galleta eran infaltables”.
– ¿Su comida acostumbrada?
– “El democrático puchero, un puchero cuartelero.  Cuando había garbanzos, garbanzos; cuando había porotos, porotos. Y cuando tenía verduras, también…”

La carretilla tenía la base de 70 cm x 110 cm y 30 cm de alto, con los siguientes objetos: carpa de 2.50 m de largo por 2 m de ancho; cama plegadiza, colchón y colcha.  Herramientas completas, utensilios de cocina, calentador, juego de lavabo, cepillos, brocha, navaja y provisiones.

Tenía un compañero inseparable “Pancho”, un leal perro de policía que lo seguía al vasco en sus andanzas.

Cuando le preguntaron si esperaba alguna recompensa o premio de sus paisanos por el esfuerzo realizado, Guillermo Larregui se puso serio y contestó: “Aunque nada tengo, nada quiero.  Esta hazaña la he realizado porque la prometí cumplir.  Con ser hombre de palabra cualquier vasco está bien pagado”.

Esa fue la primera epopeya que popularizó el “Vasco de la Carretilla”, un hombre que ya tenía casi cincuenta años cuando hizo ese primer recorrido, al que luego se le sumaron unos cuantos viajes más.  Sus compañeras de ruta, las carretillas de rueda de hierro y caja de madera que eran su casa en cada travesía, quedaban al final de la misma en manos de algún amigo o a la guarda de algún museo como testimonio de esa etapa. Iniciaba la siguiente con otra distinta, con la que debía transitar los precarios caminos que había en los años treinta y cuarenta en la Argentina.

El segundo viaje: desde Coronel Pringles hasta La Quiaca.

Fue el que mayor repercusión obtuvo en los medios. Recorrió desde Coronel Pringles hasta La Quiaca, a donde arribó en diciembre de 1938. El propio Larregui se encargaba, unos días antes de llegar a las ciudades, de enviar fotos suyas a los diarios; los periodistas más avispados salían a su encuentro para publicar la primera entrevista o comprarle la exclusiva del relato a cambio de alojamiento, y las noticias anticipadas empujaban a la gente a esperar al Vasco de la Carretilla en las afueras de las ciudades.

Después de sus entradas triunfales, Larregui armaba su campamento en las sedes de los diarios o acampaba en las plazas y los parques para recibir las visitas de los curiosos y venderles postales con su retrato.

Más viajes

Otro viaje posterior lo llevó por los caminos que iban desde Villa María hasta Chile, pasando por Mendoza y de ahí a La Paz, Bolivia.  Su última travesía lo condujo al punto del país que sería su lugar de residencia definitivo: Misiones.  Allí, en el Parque Nacional de Puerto Iguazú levantó su casilla y transcurrió la etapa final de su vida, disfrutando de un lugar paradisíaco que a menudo era visitado por turistas con los que hablaba de caminos recorridos y lugares del mundo visitados, comunicándose, según la ocasión, en alguno de los cuatro idiomas en los que a fuerza de andanzas se había tenido que expresar.  Larregui dejó pasar allí los últimos tiempos de una apasionante existencia que terminó el 5 de julio de 1964 a sus ochenta años.

Vivir el ritmo oculto de los campos

abiertos llenos de sol.

La emoción de la tierra argentina,

llena de generosidades.

He aquí mi objetivo.

Nadie me podrá quitar la dicha

de ser dueño de mi propio destino

(Guillermo Larregui, 17 de agosto de 1938)

Gato y Mancha, ¿conocés la historia? Dos caballos argentinos en Nueva York.

18 Oct

Al inicio de la travesía, Mancha (“bayo” oscuro) y Gato (“overo” manchado) tenían 15 y 16 años respectivamente. Su carácter era poco amigable. Habían crecido en la Patagonia, junto a la tribu Liempichun, donde se habían acostumbrado a las condiciones más hostiles. Su propietario, Emilio Solanet, se los había comprado al cacique tehuelche Liempichín en Chubut.

Domarlos puso a prueba las facultades de varios de los mejores domadores. Cuenta el profesor suizo Aimé Tschiffeli “Desde los primeros días advertí una real diferencia entre sus personalidades. Mancha era un excelente perro guardián: estaba siempre alerta, desconfiaba de los extraños y no permitía que hombre alguno, aparte de mí mismo, lo montase… Si los extraños se le acercaban, hacía una buena advertencia levantando la pata, echando hacia atrás las orejas y demostrando que estaba listo para morder… Gato era un caballo de carácter muy distinto. Fue domado con mayor rapidez que su compañero. Cuando descubrió que los corcovos y todo su repertorio de aviesos recursos para arrojarme al suelo fracasaban, se resignó a su destino y tomó las cosas filosóficamente… Mancha dominaba completamente a Gato, que nunca tomaba represalias”.

 

La Travesía 

Partiendo de la Sociedad Rural de Buenos Aires, el 24 de abril de 1925 se inició una de las travesías más famosas del siglo. Mancha y Gato, guiados por el profesor suizo Aimé Tschiffeli recorrieron los 21500 Km desde la ciudad de Buenos Aires hasta Nueva York, conquistando el récord mundial de distancia y altura, al alcanzar 5900 m.s.n.m. en el paso El Cóndor, entre Potosí y Chaliapata (Bolivia). El viaje se desarrolló en 504 etapas con un promedio de 46,2 Km por día.

Aimé Tschiffeli estaba convencido de la fortaleza de los rústicos y nada estilizados caballos criollos. Tomó contacto con Emilio Solanet, criador y propulsor del reconocimiento de la raza. Este le regaló los dos caballos.

Por entonces no había caminos en varios tramos del recorrido, y cuando existían, no se caracterizaban por su buen estado. Tschiffeli tuvo que resignarse a no llevar carpa, ya que las que se podían conseguir por aquellos tiempos eran muy pesadas.

Durante el viaje cruzaron varias veces la Cordillera de los Andes y fue en esos cruces donde mayores dificultades encontraron. El escabroso terreno se eleva a más de 5500 m y la temperatura llega a -18°C.

Más de tres años después de haber salido de Buenos Aires, Tschiffeli arribó a Nueva York el 22 de Septiembre de 1928 (3 años, 4 meses y 6 días). Aimé montado en Mancha, su fiel compañero (Gato tuvo que quedarse en la Ciudad de México al ser lastimado por la coz de una mula), logró la hazaña.

El Regreso

Mancha y Gato llegaron de regreso a Buenos Aires el 20 de diciembre de 1928. Murieron en 1947 y 1944, respectivamente. Hoy se encuentran embalsamados, en exposición en el Museo de Luján, Dr. Emilio Udaondo.

Aime Tschiffeli, en tanto, siguió viajando, por la Patagonia, España e Inglaterra, pero siempre volvió a la Argentina. Falleció en 1954. 

Día del Caballo 

Por ello el Honorable Senado de la Nación Argentina y la Cámara de Diputados, designa el día 20 de septiembre de cada año como el “Día Nacional del Caballo”.

Una historia en blanco y negro

26 Sep

Jaime Yankelevich  fue deslumbrado  en Estados Unidos  por un nuevo medio de comunicación, la televisión. Esto lo entusiasmó tanto que decidió jugarse todo por introducir esa faraónica tecnología en Argentina. Con tal descabellada idea visitó al Ministro de Comunicaciones, quien supo ver el potencial que tendría la nueva tecnología y expuso el tema ante el General Perón. Este capta inmediatamente el poder de esta nueva herramienta, y dado que el país se encontraba en un alto grado de bienestar económico le da luz verde al asunto a pesar de su enorme costo.

Jaime Yankelevich acuerda con el gobierno peronista  realizar la primera transmisión televisiva el día 17 de octubre de ese año. En esa fecha se cumple el 6º aniversario del Día de la Lealtad peronista y se realiza un multitudinario acto en la Plaza de Mayo. Allí Eva Perón pronuncia su discurso al pueblo después del famoso Renunciamiento Histórico a la candidatura como vicepresidente de la Nación en las elecciones próximas, por encontrarse ya muy enferma. Con la mencionada transmisión queda inaugurado el viejo Canal 7, conocido en ese entonces como LR 3 Radio Belgrano TV. Y son los locutores de la radio del mismo nombre los que se van pasar a trabajar también en el canal.

 Tips para info – televisarte

  • El lugar elegido para ubicar la gigantesca antena de 50 metros de altura fue el edificio de Obras y Servicios Públicos, por ser uno de los más altos de Buenos Aires y estar ubicado en pleno centro de la ciudad, ya que la señal televisiva abarcaría unas 40 cuadras a la redonda por aquel entonces.
  • Adolfo Salinas cuyo verdadero nombre fue Adolfo Vicente Saltalamacchia (15 de diciembre de 1926, Buenos Aires – 30 de junio de 2000) fue  el primer locutor que apareció ante las cámaras en la televisión argentina.
  • Los primeros televisores que se vendían en los comercios eran de la marca “Dumont”, su precio prohibitivo limitó la cantidad de aparatos importados a unos 30.
  • En el mes de Septiembre comenzaron las primeras transmisiones de prueba. La imagen del Ingeniero Koeble ajustando una cámara fue la primer imagen que se transmitió accidentalmente, luego siguieron tomas  panorámicas de la ciudad captadas desde la terraza del edificio.
  • El 4 de noviembre se inauguró LS82TV Radio Belgrano-Canal 7, que emitía en el horario de 14.30 a 19.30. Esas imágenes se perdieron para siempre porque el videotape aún no se había inventado.Ese día  se inicia la programación regular, ya que desde el 17 de octubre hasta ese día solo se realizaron ensayos y pruebas. Y el 18 de ese mismo mes se transmite el primer partido de fútbol (River – San Lorenzo). La programación en esos primeros años estaba integrada por espectáculos folklóricos, espacios musicales, transmisiones desde el circo, programas de moda, “La Cocina de Doña Petrona”; etc. Y en 1952 se nacen los primeros teleteatros.
  • En 1954 comienza el primer tele noticioso argentino, que se emitía a la noche y presentaba un resumen de los hechos acontecidos durante la jornada.
  • Todos los programas eran en vivo, con cambios rápidos de vestuario detrás de los estudios.
  • Recién en 1954 se abre la primera fábrica nacional de televisores: Copehart Argentina.
  • En materia de programación en la década del 60 se destacan: Las Obras Maestras del Terror de Narciso Ibáñez Menta, los programas de humor de Pepe Biondi, los ciclos musicales juveniles como “El Club del Clan”, las telenovelas de Alberto Migré, los “Sábados Circulares” de Nicolás Mancera que dan inicio al auge de los programas ómnibus (de 5 o 6 horas de duración) y las series americanas como “Bonanza”, el “Súper Agente 86”, “Lassie”, etc. Es también la década de inicio de algunos clásicos de la historia de este medio. En 1966 nace “Telenoche” y en 1968 los Almuerzos de Mirtha Legrand.
  • El 18 de abril de 1960, nace lo que sería el segundo canal del país, primer canal privado y primer canal del interior de Argentina: Canal 12 Córdoba