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Cómo se divertían los cordobeses hace 200 años

22 Jun

En el día de San Juan, las solteras hacían algunos rituales para saber si se iban a casar. El Cabildo intentó eliminar el pato y otros juegos.

El miedo a “quedar para vestir santos” y la importancia social del matrimonio fue la inspiración de algunos juegos coloniales dedicados a conocer la suerte conyugal de las solteras, un tema que preocupaba tanto a las candidatas al casamiento como a sus parientes, siempre atentos a la posibilidad de acordar uniones convenientes para la familia.

Marido se busca. La escritora Cristina Bajo cuenta que en tiempos de la colonia había jornadas específicas para el entretenimiento de las señoritas, como el día de San Juan, cuando las familias daban un chocolate para amigos y realizaban una serie de juegos para saber quiénes iban a pasar por el altar.

“Se hacían cédulas, que eran los papelitos enrollados donde se anotaban los nombres de cada chica y cada muchacho. Se ponían en lugares distintos y cada uno sacaba un papelito. Si había coincidencia se presuponía que iban a casarse”, cuenta Bajo.

La preocupación por pasar por el altar también se manifestaba en otras recreaciones, como el juego del espejo, que también se hacía en la noche de San Juan. “Había que dejar una vela prendida durante mucho tiempo, y entrar después a la habitación, a oscuras. Decían que si te asomabas al espejo podías ver la cara del que iba a ser tu esposo. Pero tenías que ser valiente, porque también podías ver el coche que te iba a llevar cuando te murieras”.

Pero había más. “Otro ritual era sembrar un ajo esa noche y a la mañana desenterrarlo. Si había dado un cabito verde, era que te ibas a casar. Si no, quedabas para vestir santos”, narra la escritora.

Dónde se jugaba. Bajo cuenta que varios bares y casas de juego estaban en la recova situada sobre la calle 27 de abril, en el costado de la Catedral, conocida como los Portales de Valladares.

Pero con la decisión de las autoridades de prohibir algunos juegos también aparecieron los “fulleros” y casas de mala fama. En su Historia de Córdoba, Bischoff asegura que incluso se tuvo evidencia de que en algunos conventos había “licencias de abusar” de las partidas de naipes.

Populares.  Según el historiador Efraín Bischoff, en la campaña lideraba el pato, que fue prohibido por Sobre Monte en 1784. En la ciudad, los más populares eran los dados y juegos de naipe, como el truque y el comején.

La platea masculina también se entretenía con las riñas de gallo, las canchas de bolos y las carreras de caballo, un entretenimiento que, según Bischoff, causaba unos cuantos problemas entre los “burreros”.

Información reciclada del Especial de La Voz del Interior, realizado en el marco del bicentenario.

El concubinato era frecuente en 1810

20 Jun

Varias parejas no pasaban por el altar debido a los altos aranceles eclesiásticos, entre otras causas. El 40 por ciento de los niños nacían fuera del matrimonio.

Aunque comúnmente se crea que el concubinato es una práctica que se extendió recién en los últimos años, muchas parejas cordobesas compartían su vida sin pasar por el altar ya en tiempos de la Revolución de Mayo. La historiadora Mónica Ghirardi explica que pese al alto grado de aceptación del sacramento religioso, el matrimonio convivió desde muy temprano con otras prácticas como los amancebamientos.

Si bien estas uniones son difíciles de medir porque no quedaron asentadas en los registros de la época, es posible acercarse al fenómeno a través del índice de ilegitimidad. “A fines de la colonia, alrededor del 40 por ciento de los niños cordobeses nacían fuera del matrimonio”, apunta la investigadora.

Córdoba fue la provincia del Río de la Plata con el más alto porcentaje de ilegitimidad. “Resulta llamativo que eso ocurriera aquí, donde la Iglesia tenía tanta presencia. Esto tiene que ver con que la religiosidad a veces funciona como un barniz. En las prácticas externas ocurre una cosa y en los comportamientos internos, otra”, señala Ghirardi.

La historiadora sostiene que la convivencia sin matrimonio también es un indicio de cierta “porosidad” en una sociedad jerárquica y estratificada. “La monarquía quiso trasladar el modelo de familia cristiana como instrumento de orden social. Pero la fuerza vital de los individuos hizo que esto no se diera en la práctica”.

Las causas. Pese a que los concubinatos eran uniones informales, desaprobadas por el Estado y la Iglesia, solían tener un alto nivel de formalidad. Las parejas vivían juntas durante años, tenían hijos y eran estables.

Ghirardi sostiene que la popularidad de estas prácticas se debió, en gran medida, a la difusión del mestizaje. La unión entre personas de diferente estrato étnico y social estaba mal visto en la Córdoba colonial, e incluso fue prohibida en 1805 por disposición de la corona. De allí que muchos tuvieran que recurrir al concubinato.

Sin diferencias. Los amancebamientos se registraban en todas las clases sociales, pero era más frecuente en los niveles medios y bajos, donde también se sentía el impacto de los elevados aranceles eclesiásticos para casarse.

Pero también hubo otras causas detrás de estas prácticas, como la disponibilidad de mujeres en subordinación servil, la falta de control civil y religioso por la inmensidad territorial, y las prolongadas ausencias del hogar, que hacían que hombres y mujeres formaran parejas transitorias.

“Además, como los matrimonios legítimos se hacían muchas veces por conveniencia, estas otras uniones funcionaban como válvulas de escape a relaciones insatisfactorias. Algunos autores sostienen que en los amancebamientos podemos ver realmente las uniones por amor “, indica la historiadora.

Información reciclada del Especial de La Voz del Interior, realizado en el marco del bicentenario.

El enigma de la cultura negra en Córdoba

18 Jun

En algún momento, los negros llegaron a ser casi el 50 por ciento de la población de Córdoba. Hoy se discute qué pasó con ellos.

Eran mayoría. En su Historia de Córdoba, Efraín Bischoff indica que en el empadronamiento de 1779 se contaron en ciudad y campaña 17.340 españoles, 5.482 indios, 14.892 negros y mulatos libres, y 6.388 negros y mulatos esclavos.

Sin embargo, la presencia negra cambió significativamente a comienzos del siglo XIX.  “En 1813, un 8.41 por ciento del total de la población cordobesa, urbana y rural, era esclava. En 1840 había disminuido al 3 por ciento”, indica la historiadora Mónica Ghirardi.

Hipótesis. ¿Qué pasó entonces con los cientos de africanos que llegaron a la ciudad tras ser introducidos por el Río de la Plata? ¿Dónde están las huellas del pasado negro de Córdoba? Las respuestas a esas preguntas son variadas y forman parte de una discusión historiográfica en desarrollo.

“Es un tema muy controvertido. Hay quienes dicen que murieron en los frentes de batalla, peleando en las guerras de la Independencia, mientras otros sostienen que se mestizaron con el resto de la sociedad”, señala Ghirardi.

Relación de poder. Otro aspecto de la esclavitud que genera debates es el trato de los amos. “Había una relación en general bastante buena. Quienes maltrataban a sus esclavos eran mal vistos, lo que no quiere decir que no hubiera castigos”, indica la escritora Cristina Bajo, quien rememora el caso de los esclavos de los Reynafé, quienes se compraron a sí mismos cuando se remataron los bienes para seguir con la familia.

Ghirardi, por su parte, asegura que hubo “de todo”, casos de amos que fueron más “comprensivos” y otros que fueron “muy crueles”. “Recuerdo el caso de un amo que decía tener gran reconocimiento a su esclavo. Entonces en su testamento deja a su descendiente el legado de que todos los días festivos le diesen una fruta como recompensa”, relata.

La historiadora dice que muchas veces se habla de un trato “más benévolo” porque las tareas que hacían los esclavos eran menos “duras” que en otros centros de colonización. También porque algunos amos les permitían trabajar mediodía a la semana por su cuenta, con lo que podían juntar dinero para comprar su libertad.

“Pero lo que hay que tener en cuenta es que jurídicamente eran bienes muebles, piezas que se vendían en los mercados, en la plaza. En ese sentido hablar de benignidad o malignidad en el trato es muy difícil, es anacrónico”, sostiene la investigadora.

Información reciclada del Especial de La Voz del Interior, realizado en el marco del bicentenario.

Casi 10!!! Aquí el 9° programa de Reciclando historia

16 Jun

http://flipzu.com/embed/reciclandohistoria/21578

En este programa…escuchá un nuevo capítulo de nuestra producción de radioteatros históricos:  “La Córdoba de 1810”.

¿Cómo pasaban los días en La Docta? No te pierdas los chusmerios, el juego, el chiste fácil.

Tuvimos muuuuuchas efemérides:

  • 15/06: Un nuevo aniversario de la reforma universitaria de 1918.
  • 14:06: Muere en Ginebra, Suiza, Jorge Luis Borges.
  • 14/06: Nace en la provincia de Santa Fe Ernesto “Che” Guevara*.

*Aclaración: La fecha de nacimiento que aparece en su Acta de nacimiento es 14 de junio de 1928. Julia Constenla, historiadora y amiga personal de la madre de Ernesto Guevara, Celia de la Serna, ha contado que precisamente ésta le confesó que se encontraba embarazada al momento de casarse, que la verdadera fecha de nacimiento de su hijo fue el 14 de mayo, y que la partida de nacimiento fue falsificada a un mes más tarde para evitar el escándalo. «Entrevista a Julia Constenla realizado por Luciana Peker», Página/12, 3 de marzo de 2005.

También tuvimos muuuuuchas noticias:

  • El predicador “del fin del mundo” sufrió un infarto.
  • Por primera vez, un malvinense tramitó la partida de nacimiento argentina.
  • Cuba publica el cuaderno inédito del Che en Sierra Maestra.

Bonus Track: Desaparecen de un museo indio unos anteojos de Gandhi.

Finalmente, en nuestra materia pendiente: ¿Cómo era Córdoba en 1810?

Hablamos sobre la gran población parda o negra que habitaba nuestra zona (eeehhh negrazón!), los juegos coloniales y el miedo a quedar soltera, entre otras curiosidades!

Como siempre, la agenda cultural de la semana y muy buena música!

Reciclalo y compartilo!! Es para vos…hacelo tuyo!

Córdoba de 1810: La relación entre las esclavas y sus amos

6 Jun

Era frecuente que mantuvieran relaciones sexuales en situaciones de subordinación. Los amos alentaban que tuvieran hijos para aumentar su fortuna.

La historiadora Mónica Ghirardi indica que era frecuente que los amos mantuvieran relaciones sexuales con sus esclavas en situaciones de subordinación.

“Había amos desaprensivos que les pedían favores sexuales. Las esclavas accedían porque no tenían mucha opción, y porque a veces se les prometía su libertad o la de su prole a cambio”, explica Ghirardi.

“No siempre eran violaciones sino relaciones consentidas en una relación de doble subordinación, por ser mujeres y por ser esclavas”, agrega la historiadora.

Ghirardi indica que estas relaciones eran “socialmente toleradas” por las doñas, porque no las consideraban una infidelidad. “Por lo general se sostenía que con las esclavas era diferente, no era una deshonra porque eran objetos”.

Reproducción. Los estudios revelan que las esclavas tenían alrededor de cuatro hijos, a los que parían en edad temprana, entre los 20 y 24 años.

Ghirardi cuenta que si bien algunos amos ponían restricciones a los casamientos de las esclavas, rara vez se oponían a su reproducción. “Incluso lo alentaban, ya que de esa manera reproducían la propiedad. Cada hijo que nacía era un bien más del amo”.

Información reciclada del Especial de La Voz del Interior, realizado en el marco del bicentenario.

Córdoba de 1810: Las curiosas profesiones de la Córdoba colonial

4 Jun

En el censo de 1813 se registraban en la categoría “profesiones” a mudos, ciegos e inútiles. El oficio más popular era el de hilandero.

"Las Hilanderas" de Diego Rodríguez de Silva y Velázquez.

Los oficios con los que se dibuja la imagen típica del 25 de Mayo guardan poca relación con los trabajos más comunes de la Córdoba de hace 200 años. Los pintorescos faroleros, veleros y lavanderas eran los menos ante la mayoría agricultora, hilandera y tejedora.

Los datos se desprenden del censo realizado en Córdoba en 1813 a pedido del Primer Triunvirato,  que arrojó el resultado de 71.637 cordobeses, un  54 por ciento de mujeres y un 46 por ciento de hombres.

Uno de los aspectos más curiosos es que en la categoría “profesiones” aparecen registrados 29 “dementes”, 46 “ciegos” y 89 “inútiles”.  ¿Por qué?  “Uno de los motivos del censo era saber con qué cantidad de potenciales reclutas se contaba. El objetivo era clasificar a las personas en aptas e inaptas para el ejército, por eso consignaban las afecciones, discapacidades y situaciones específicas”,  indica la historiadora Mónica Ghirardi.

Los más populares. Los hilanderos sacaban ventaja a cualquier otra profesión de la época, con 16.400 registros. Aunque no se distingue entre mujeres y hombres, se sabe que el hilado era un oficio muy común entre ellas, al igual que el tejido, que era practicado por casi 5.000 personas.

Los agricultores conformaban la segunda categoría más popular, con casi 8.000 trabajadores. También se multiplicaban las costureras (3.240), peones (3.175), camperos (1.789), chalanes (1.909) y hacendados (1.217).

Otras curiosidades. Había cuatro cirujanos en la ciudad sobre un total de 10 en toda la provincia. También se contabilizaban cuatro enfermeros, un farmacéutico y tres curanderos, además de 7 parteras y 2 “amas de leche”.

En el ámbito del derecho, había 15 abogados y 21 jueces. Y en materia artística, 29 músicos, dos escultores y un titiritero, que vivía en el curato de San Javier.

Una curiosidad más: en el registro aparece la categoría “gobernador” en la que, como se podía esperar, sólo un censado dijo que ostentaba ese cargo.

Larga vida. El censo de 1813 también sirvió para obtener datos demográficos inexistentes hasta ese momento en cuanto a las edades y estados civiles.

Un detalle llamativo es que entre los 15 y 29 años se detectó un marcado predominio femenino. Los historiadores creen que el desequilibrio intersexo podría haberse originado por la movilización de los varones y el sub registro para evitar incorporarse al Ejército.

Si bien a fines del siglo XVIII la esperanza de vida era sorprendentemente baja, apenas 30 años, en el censo de 1813 se registraron varios casos de octogenarios y centenarios. El más llamativo fue el de Cristóbal Soria, el hombre más longevo de Córdoba en ese tiempo.

“Era un indio de la campaña cordobesa. Tenía 110 años, era viudo y vivía en Río Segundo. Está consignado que vivía de la limosna”, cuenta Ghirardi.

Fuente

La población de Córdoba en 1813. Facultad de Ciencias Económicas. Instituto de Economía y Finanzas. Córdoba, 1995.

Información reciclada deEspecial de La Voz del Interior, realizado en el marco del bicentenario.