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Rodolfo Walsh: un periodista con coraje

12 Oct

Como escritor trascendió por sus cuentos policiales ambientados en Argentina y por sus libros de investigación periodística sobre el fusilamiento ilegal de civiles en José León Suárez de junio de 1956 (“Operación Masacre”) y sobre los asesinatos de Rosendo García (“¿Quién mató a Rosendo?”) y Marcos Satanowsky (“Caso Satanowsky”).

Rodolfo Jorge Walsh (descendiente de irlandeses), nació el 9 de enero de 1927 en la  provincia de Río Negro, Argentina. Walsh se había criado en el seno de una familia conservadora, de ascendencia irlandesa. Estudió en un colegio de monjas irlandesas y estuvo interno en una congregación de curas también irlandeses.

Niñez y Adolescencia

Llegó a Buenos Aires en 1941 para realizar sus estudios secundarios. Completados estos, comenzó a estudiar filosofía y letras pero abandonó para emplearse en los más diversos oficios: fue oficinista de un frigorífico, obrero, lavacopas, vendedor de antigüedades y limpiador de ventanas. A los 17, en 1951 comenzó a trabajar para la Editorial Hachette,  germen de su oficio de periodista, en el que habría de destacarse.

Walsh había estado cerca del nacionalismo en su adolescencia, se había vuelto anti peronista –como buena parte de las clases medias intelectuales– y en el ’55 había sido partidario del golpe, influido por su hermano piloto de aviación naval. Hasta que percibe el clima de revancha social y empieza a tomar distancia.Entre 1944 y 1945 tuvo acercamientos a la Alianza Libertadora Nacionalista.

Su comienzo en el periodismo: Operación Masacre

Cuando se produjeron los fusilamientos clandestinos en el basural de José León Suárez por órdenes del gobierno de la “Revolución Libertadora”, Walsh escucha una frase que no se le borrará jamás. Esa tarde de 1956, jugando al ajedrez en un bar de la Plata escuchó la frase “Hay un fusilado que vive”. 

A fines de ese año, comenzó a investigar el caso con la ayuda de la periodista Enriqueta Muñiz, y se encontró con un gigantesco crimen organizado y ocultado por el Estado. Walsh escribió un libro sobre esos hechos, en el cual escribiría: “Esta es la historia que escribo en caliente y de un tirón, para que no me ganen de mano, pero que después se me va arrugando día a día en un bolsillo porque la paseo por todo Buenos Aires y nadie me la quiere publicar y casi ni enterarse”. 

Decidió recluirse en una alejada isla del Tigre con el seudónimo de Francisco Freyre, y con la única compañía de un revolver. El 23 de diciembre Leonidas Barletta, director de Propósitos, denunció, a pedido de Walsh, la masacre de José León Suárez y la existencia de un sobreviviente, Juan Carlos Livraga.

La serie de notas sobre la investigación -que realiza clandestinamente – serán recopiladas y noveladas en su Operación Masacre, con el subtítulo “Un Proceso Que No Ha Sido Clausurado” de Ediciones Sigla. Su obra recorre principalmente el género policial, periodístico y testimonial, con libros que alcanzaron gran éxito de difusión como Quién mató a Rosendo o Caso Satanowsky. La novela Operación Masacre dio comienzo a lo que hoy se le llama Periodístico Narrativo o Novela Testimonio, aunque se reconoce como su creador a Truman Capote por la novela A Sangre Fría escrita en 1966, 9 años más tarde.

¿Y qué mas?

En 1959 viajó a Cuba, donde junto con sus colegas y compatriotas Jorge Masetti, Rogelio García Lupo y el escritor colombiano Gabriel García Márquez fundó la agencia Prensa Latina. Allí, usó sus conocimientos de criptógrafo aficionado para descubrir, a través de unos cables comerciales, la invasión a Bahía de Cochinos, instrumentada por la CIA.

Antes de partir a Cuba, publicó el Caso Satanowsky, en donde evidenció que matones de la SIDE asesinaron al abogado Marcos Satanowsky debido a oscuros intereses en torno a la propiedad del diario La Razón. En la investigación dio con los culpables.

De regreso a la Argentina trabajó en la revista Panorama y ya durante la dictadura de Onganía, fundó el semanario de la CGT de los Argentinos.

A mediados de 1970, Walsh había empezado a relacionarse con el Peronismo de Base, brazo político de las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP) que, en 1973, se fusionó con Montoneros. En ella su primer nombre de guerra fue “Esteban” y luego fue conocido como “El Capitán”, “Profesor Neurus” o “Neurus”.

En 1974 comenzaron las diferencias de Rodolfo Walsh con Montoneros, a partir del pase a la clandestinidad decidido por la organización.

En 1976, dada la censura impuesta por la dictadura militar Walsh creó ANCLA, (Agencia de Noticias Clandestina), y la “Cadena informativa” un sistema de difusión de información de mano en mano cuyas gacetillas decían en el encabezado:

“Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copias a sus amigos: nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad. Derrote el terror. Haga circular esta información”.

La muerte de su hija Victoria y de su amigo Urondo

El 29 de septiembre de 1976 su hija María Victoria (su nombre de guerra era “Hilda”, y “Vicki” para los familiares y amigos), oficial 2ª de la organización Montoneros, murió en un enfrentamiento con el Ejército, el día posterior a su cumpleaños 26 . Al verse rodeada y sin posibilidad de escape en la terraza de la casa, ella y Alberto Molina, el último sobreviviente, levantaron los brazos y tras un breve discurso que finalizó con la frase “ustedes no nos matan, nosotros elegimos morir”, tanto Alberto como Vicki se dispararon en la sien. En diciembre de ese año Walsh publicó un mensaje -en el que relata las circunstancias del hecho- llamado Carta a mis amigos. En junio del mismo año en Mendoza, su amigo Paco Urondo, que también militaba en Montoneros, se suicida tragando una pastilla de cianuro para evitar su posible detención en un control policial al que se acercaba cuando iba en un auto con su familia y llevando armas.

Su desaparición y muerte

El 25 de marzo de 1977, un día después de fechada su Carta Abierta de un Escritor a la Junta Militar, las versiones afirman que Rodolfo Walsh se encontraba a pie cerca del cruce de las avenidas San Juan y Entre Ríos, en Buenos Aires, (según narra su última mujer, Lilia Ferreyra en el documental P4R+, Operación Walsh “después de enviar por correo los primeros ejemplares -de la carta- en un buzón de Plaza Constitución”), cuando un grupo de tareas de la Escuela de Mecánica de la Armada le dio la orden de entregarse pero Walsh se resistió con el arma que llevaba y fue herido de muerte.

Los integrantes de ese grupo están siendo juzgados por el secuestro y muerte del escritor.

Según declaraciones de detenidos que sobrevivieron, en la ESMA (Escuela Mecánica de la Armada) su cuerpo fue exhibido posteriormente a los secuestrados.

 El 24 de marzo al cumplirse un año de la dictadura, envió su famosa Carta Abierta de un escritor a la Junta Militar a las redacciones de los diarios. Nadie la publicó.

Programa 21: Reciclando Historia sale a la calle

22 Sep

El miércoles 14, en pleno Cabildo de Córdoba Reciclando historia salió al aire, con un gran programa. Estuvimos transmitiendo afuera (en la calle!!), en el marco de la Feria del Libro.

¿Qué tuvimos?

Tuvimos un montón, porque hicimos un programa de 2 horas. Volvimos a repasar los radioteatros históricos: “La crontrarrevolución”, parte 1 y 2. Además, presentamos una entrevista grabada en exclusiva con Felipe Pigna, para Reciclando historia.

Y nuestra materia pendiente, fue “Libros prohibidos, quema de libros y bibliotecarios desaparecidos durante la última dictadura militar”, para ello tuvimos un panel formidable: Alejandra Nardi, Federico Zeballos, Juan Pablo Gorostiaga, María de los Ángeles Jaimes Rondine y Silvia Fois.

No te contamos más…poenete a escuchar!!

http://flipzu.com/embed/reciclandohistoria/43058

Libros peligrosos

21 Sep

La última dictadura militar, además de caracterizarse por el secuestro y desaparición de personas, también ejecutó un plan de eliminación y sustitución  de gran parte del material literario de la época.

Durante el proceso de reorganización nacional toda persona que no se encontraba alineada con los criterios  y objetivos de los militares estaba “infiltrado por el germen subversivo”. Los principales jefes de las fuerzas armadas en reiteradas oportunidades, explicaban a la población el significado de esta palabra, como lo declaró el Almirante  Armando Lambruschini, integrante de la II junta militar: “para obtener sus objetivos los subversivos, han usado y tratan de usar todos los medios imaginables: la prensa, las canciones de protesta, las historietas, el cine, el folclore, la literatura, la cátedra universitaria, la religión”.

Por ello, con el objetivo imponer su ideología militar idearon un plan  minucioso, para la evaluación política  de cada libro y su posterior censura. La eliminación de los “libros peligrosos” era una cuestión  de estado. En el Ministerio del Interior funcionaba la Dirección Nacional de Publicaciones. Desde allí se crearon los protocolos a tener en cuenta para la exanimación y posterior  censura. Esta tarea no estaba a cargo de cualquier persona era responsabilidad de intelectuales, profesionales, sociólogos, antropólogos, abogados. 

 Libros a la Hoguera

Un trabajo final de la Licenciatura en Bibliotecología y documentación de la Facultad de Filosofía y Humanidades de Córdoba, realizado por Federico Zevallos  y dirigido por Marta Palacios, estudió  el desempeño de las bibliotecas cordobesas durante el último periodo militar. Este informe explica cómo fue el trabajo por parte del estado en la censura y eliminación  definitiva de los libros de las bibliotecas y universidades de Córdoba.

La quema de libros era el último eslabón de la cadena de este proceso. La más importante que tuvo la ciudad de Córdoba se desarrolló el 29 de abril de 1976,  a cargo de Luciano Benjamín Menéndez, jefe del III Cuerpo de Ejército en Córdoba. Se  ordenó una quema colectiva de libros, entre los que se hallaban obras de Proust, García Márquez, Cortázar, Neruda, Vargas Llosa, Saint-Exupéry, Galeano. Su declaración en el momento de la quema fue “a fin de que no quede ninguna parte de estos libros, folletos, revistas… para que con este material no se siga engañando a nuestros hijos”. Y agregó: “De la misma manera que destruimos por el fuego la documentación perniciosa que afecta al intelecto y nuestra manera de ser cristiana, serán destruidos los enemigos del alma argentina”.

Federico Zevallos señala que el hecho de que  las quemas de libros se  realizaran  públicamente y se difundieran  por los medios de comunicación, tenía la intención de lograr una intimación y terror para aquellas personas que pudieran tener libros con características “subversivas”. Zevallos además interpreta que las consecuencias de la eliminación de libros, se reflejó por muchos años posteriores a la dictadura: “A mí me llamaba la atención que la gente ya no leyera en los colectivos, tenían miedo a ser señalados. Pero en la actualidad por el trabajo de distintas organizaciones sociales esta situación se revirtió”.

Un elefante ocupa mucho lugar

El gobierno militar también centró su atención en los libros escolares e infantiles. El gobierno de facto debía preservar a la niñez de aquellos libros, que según su ideología eran peligrosos y ponían en cuestión valores sagrados como la familia, la religión y la patria.

En 1977, el Ministerio de Cultura y Educación publico  la circular “Subversión en el ámbito educativo (conozcamos a nuestro enemigo)”, transmitía los lineamientos que debían seguir los docentes de las escuelas de la argentina.

María de los Ángeles Jaimes Rondine  estudió el caso del libro prohibido “un elefante ocupa mucho lugar” de la autora Elsa Bornerman: “en relación a esta censura a mi me llamo  la atención el cuento de Gaspar, aquel personaje de la historia que quería caminar con las manos y no con los pies, porque no estaba prohibido. Para la interpretación de los militares este cuento soltaba la imaginación y podía inculcarles a los niños ideas subversivas. Sin embargo había docentes que se arriesgaban y transcribían los cuentos de Elsa Bornerman a un cuaderno, para luego poder leerles a sus alumnos”.

Bibliotecarios de riesgo

En el período de la dictadura, leer un libro en la plaza, llevarlo  bajo el brazo y hasta comprarlos era peligroso. Por lo que la tarea de un bibliotecario en esta época era sumamente arriesgada. Hay numerosas anécdotas de lo que llegaban hacer por evitar la eliminación de libros. Silvia Fois, miembro de la Comisión permanente de homenaje a bibliotecarios desaparecidos, recuerda  la historia de un preso que trabajaba en la biblioteca de la cárcel: “él transcribía aquellos textos prohibidos en papel y los hacia rollitos y los guardaba en una caja que tenía escondida, porque sabía que pronto esos libros iban a desaparecer”. Lo primero en lo que se pensaba era como proteger los libros. Muchos los enterraban en los patios, en los cielos rasos, en lugares insólitos.”

El genocidio cultural que se produjo en la última dictadura, intentó eliminar evidencias de nuestra historia, pensamiento y cultura. El resultado de este proceso  fueron millones de libros perdidos, personas desaparecidas, escritores exiliados, un bache intelectual.

Sin embargo, se podrán matar las almas, se podrán quemar los libros, pero el pensamiento estuvo y estará presente, es incombatible.

Busca la relación entre el tema y la efeméride

8 Sep

  • El 6 de Septiembre de 1979: La Comisión Interamericana de Derechos Humanos se presenta para investigar las desapariciones de personas durante el gobierno de Jorge Rafael Videla.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (o CIDH) es una de las dos entidades del sistema interamericano de protección de derechos humanos. Tiene su sede en Washington, DCEs un órgano de la Organización de los Estados Americanos creado para promover la observancia y la defensa de los derechos humanos además de servir como órgano consultivo de la OEA en esta materia.

La visita de la CIDH

El 6 de septiembre de 1979 llegó a la Argentina una delegación de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Durante dos semanas se entrevistan con personalidades de la política, la cultura nacional y miembros del gobierno. Paralelamente, recibieron numerosas denuncias por violaciones a los derechos humanos realizadas por las familias de los desaparecidos que esperaron durante horas (y días) en la puerta de la entidad.

Mientras la Comisión se entrevista con familiares de desaparecidos, algunos medios de comunicación publican cartas y editoriales reafirmando que Argentina era un país en paz.

El Informe de la CIDH señalaba, entre otras muchas consideraciones, “que por acción u omisión de las autoridades públicas y sus agentes, en la Argentina se cometieron durante el período 1975/1979 numerosas y graves violaciones de fundamentales derechos humanos”.

La Comisión consideraba que esas violaciones afectaron:

«El derecho a la vida, en razón de que personas pertenecientes o vinculadas a organismos de seguridad del Gobierno dieron muerte a numerosos hombres y mujeres después de su detención. El derecho a la libertad personal, al haberse detenido y puesto a disposición del Poder Ejecutivo Nacional a numerosas personas en forma indiscriminada. El derecho a la seguridad e integridad personal mediante el empleo sistemático de torturas y otros tratos inhumanos. El derecho de justicia, en razón de las limitaciones que encuentra el Poder Judicial para el ejercicio de sus funciones, de la falta de garantías en los procesos ante los tribunales militares y de la ineficacia del recurso de Habeas Corpus.»

Ya en 1977, Videla había declarado:

«En toda guerra hay personas que sobreviven, otras que quedan incapacitadas, otras que mueren y otras que desaparecen. Argentina está finalizando esta guerra y, consiguientemente, debe estar preparada para afrontar sus consecuencias. La desaparición de algunas personas es una consecuencia no deseada de esta guerra.»

A continuación, un temazo!!! Escuchá la letra ¿Qué relación tiene con la visita de la Comisión Interamericana de DDHH  durante la dictadura de Videla? Los dejamos pensando…

Durante su estadía en Argentina, del 6 al 20 de septiembre de 1979, los representantes de la CIDH recibieron cinco mil 580 denuncias de desapariciones forzadas que fueron la base de un informe que el organismo presentó al dictador Jorge Videla.

La Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), la principal cárcel ilegal del régimen de facto y donde se calcula que estuvieron en cautiverio unas cinco mil personas, fue uno de los lugares visitados.

“Como era previsible, la dictadura censuró el documento, negó las conclusiones e intentó sustituirlas con una versión apócrifa de los hechos que se intentó transmitir por medio de la enseñanza escolar y los medios de comunicación”, señaló Taiana a una agencia de noticias local.

“Pero gracias a la valentía de los organismos de derechos humanos el informe ingresó clandestinamente en el país y fue difundido pese al férreo control oficial”, completó.

Según cifras oficiales, 18 mil personas desaparecieron en Argentina durante la última dictadura, mientras que los organismos de derechos humanos elevan la cifra a 30 mil .