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Ahora nada, todo está dicho

18 Ago

La Frase pertenece a la editorial de la edición nocturna del diario La Razón del día 23 de marzo de 1976, titulado “Es inminente el final, todo está dicho”.

Editorial:

Siete días de diciembre, treinta y uno de enero, veintinueve de febrero y veintitrés días de marzo suman los tres meses que han transcurrido desde que el Teniente General Videla pronunciara desde el frente de operaciones de Tucumán junto a las fuerzas bajo su mando en nochebuena su trascendente alocución. Al cumplirse hoy los noventa días de esa dramática apelación, que algunos parecieron no haber tomado en consideración en su debida dimensión y profundidad, hay que recordar ante las circunstancias críticas del presente, algunas de las expresiones de Videla: “El ejército con el justo derecho que le concede la cuota de sangre derramada por sus hijos, héroes y mártires, reclama con angustia pero también con firmeza una inmediata toma de conciencia para definir posiciones. La inmoralidad y la corrupción deben ser adecuadamente sancionadas. La especulación política, económica e ideológica deben dejar de ser medios utilizados por grupos de aventureros para lograr sus fines”. El país se pregunta a tres meses de aquellas severas palabras ¿qué debería decir el teniente general Videla si hablara hoy? Una fuente responsable responde: “Ahora nada, todo está dicho“.

Para entender dicha frase

¿Qué sucedió 90 días antes de la editorial?

En agosto de 1975 asume como Comandante en Jefe del Ejército el general Jorge Rafael Videla, y rápidamente se dispone a atacar el principal foco revolucionario, el asentamiento clandestino del ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo) en Tucumán. El llamado “Operativo Independencia” estaba en marcha desde febrero de ese año en el pueblo tucumano de Famaillá bajo las órdenes del general Vilas, quien formó el primer centro clandestino de detención: “La Escuelia” (centro armado en la escuela del pueblo).

Diciembre fue un mes trágico. El día 19 un grupo de oficiales de la Fuerza Armada se sublevó contra el gobierno de María Estela Martínez de Perón tomando las bases aéreas de Morón y Aeroparque por un par de horas. El día 23 el ERP realizó un ataque al Batallón 601 de Monte Chingolo, en la provincia de Buenos Aires, pero la operación fue detectada por el servicio de inteligencia militar, en lo que fue el último gran ataque de la agrupación revolucionaria.

Al día siguiente, durante la Nochebuena, Videla pronunció un discurso a las tropas en Tucumán en el que reclamaba rectificaciones al gobierno, fijándole un plazo de tres meses para iniciar acciones. Se resolvió reunir el Consejo Nacional de Seguridad, integrado además de los ministros por los comandantes y los titulares de las dos cámaras del Congreso, se permitió el ingreso de militares a las altas esferas de poder y se adelantaron las elecciones presidenciales para octubre de ese año. Sin embargo, el plan ya estaba en marcha.

A las 10 de la mañana del 23 de marzo de 1976, hubo una reunión del gobierno con los jefes militares que se retiraron diciendo que lo tratado hasta ese momento iba a ser puesto en conocimiento de las respectivas fuerzas y se pactaba otra reunión para el día siguiente.

¿Qué pasó horas después de la editorial? ¿Qué estaba todo dicho?

A las 0.49 del miércoles 24 de marzo la Presidenta subió al helicóptero para dirigirse a la residencia presidencial de Olivos. Cerca del Aeropuerto el piloto advirtió: —Asegúrense los cinturones. Tenemos un pequeño desperfecto. Voy a bajar en el Aeroparque.

María Estela Martínez de Perón bajó del helicóptero y siguió a los hombres uniformados que la conducían hacia el despacho del jefe de la base aérea. Por un pasillo lateral se les acercó el jefe de la base, el general Villareal: “Le comunico que las Fuerzas Armadas han asumido el poder político de la Nación. Usted queda destituida”

A las 3 y diez de la madrugada todos los canales de TV y radio entraron en Cadena Nacional para anunciar el Comunicado número 1.

Propaganda y Dictadura Militar…un poco sugestivo no?

13 Jun

Promoviendo las “bondades” de la importación, mostrando las ventajas de “bajar los costos” para los empresarios y educando, con dibujos animados, sobre una Argentina supuestamente amenazada por la “subversión internacional” que sale de esa situación a través de la “unidad nacional”; así implementaba la propaganda la Dictadura militar.

La idea era no sólo adoctrinar a los ciudadanos y legitimar su accionar, sino también acallar y desmentir a los organismos de derechos humanos, catalogados por los militares como la “campaña antiargentina”.

La historia de la vaca triste en la TV comienza, con la aparición (con una imagen de pésima calidad, de acuerdo a las posibilidades técnicas de la época) de una vaca que pasta feliz. Al fondo, se divisa una fábrica. Claros símbolos que realimentaban el tradicional mito de la Argentina fabril y agropecuaria. De pronto, un nutrido grupo de monstruos con dientes afilados, se apropian de la vaca y le exprimen tanto sus ubres, que queda flaca y triste.

Desaparece la fábrica y el fondo colorinche se transforma en pura noche y oscuridad. “Argentina, tierra de paz y de enorme riqueza. Argentina: bocado deseado por la subversión internacional.  Eran épocas tristes y de vacas flacas. Hasta que dijimos: ¡basta, basta de despojo, de abuso y de vergüenza!. Hoy, vuelve la paz”, indicaba el audio, dando el anclaje final a lo que se veía: un gauchito feliz coronaba la animación.

A continuación el video de la propaganda mencionada: