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En este mes del niño…recordamos a MAFALDA!

12 Ago

Saquemos a nuestro niño interior y disfrutemos de este programa…para entender, conocer aún más y divertirnos con Mafalda!

Escuchalo acá, cuando vos quieras….disfrutalo!

1º Parte

http://flipzu.com/embed/reciclandohistoria/33295

2º Parte

http://flipzu.com/embed/reciclandohistoria/33300

En nuestra sección “Historia de los objetos”, hablamos del libro impreso más antiguo de la historia.

– ¿La Biblia?

– Nop…error!

Rompemos un mito..enterate de qué libro estamos hablando, escuchando el programa!

Además, en efemérides nos metemos en el mundo del deporte y hablamos de Juan Manuel Fangio…¿y un secuestro?

Finalmente, nuestra materia pendiente estuvo dedicada a una niña muy especial y su papá Quino. ¿Cómo empezó a dibujar Quino? ¿ Quién lo inspiró? ¿Sabías que Mafalda surge como un personaje para una publicidad de electrodomésticos? ¿Cuáles son los personajes?

Y como siempre buena música!

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25 años sin Jorge Luis Borges

21 Jun

Fragmento de la nota: Borges, una “droga” literaria necesaria Por Jorge Fernández Díaz en La Nación.

Entrevistar a Borges

Lo traté en persona una única vez. Fue cuando yo tenía poco más de veinte años y trabajaba en “La Razón” de Jacobo Timerman. Estábamos realizando una serie monumental llamada “El derrocamiento de Perón día a día”. Digo monumental porque duró tres meses, durante los que entrevistamos a los más famosos protagonistas y sobrevivientes de aquellos tristes días de 1955. Uno de aquellos protagonistas resultó, a su modo, Jorge Luis Borges, que fue castigado por el régimen peronista y que devolvió siempre las gentilezas con frases antológicas y algunas veces arbitrarias, y con su particular gusto por el arte de injuriar.

Conseguir que Borges te recibiera en su casa era muy sencillo: le encantaba conversar de cualquier tema con los periodistas y atemperar de alguna manera su soledad. Aquella mañana me recibió Fanny, su legendaria ama de llaves, y me condujo hasta la sala donde estreché la mano huesuda y sin fuerzas de aquel hombre gentil, frágil y famoso. Estaba terminando una conversación con dos profesores extranjeros que lo llenaban de lisonjas. Me detuve en los libros de su exigua biblioteca mientras el corazón se me saltaba del pecho. Desde aquella tarde de invierno en el Carlos Pellegrini hasta este encuentro inverosímil en su departamento de la calle Maipú habían pasado lecturas, amores, experiencias, luchas, desdichas y también novelas y cuentos que yo había escrito y que se habían quedado hundidos para siempre en el cajón de las vergüenzas. Allí estaba el verdadero héroe de aquel pibe que tomaba notas en el “Bar Montecarlo” de Ravignani y Paraguay, y que seguía soñando con escribir alguna vez algo que tuviera algún valor.

Borges sonreía y devolvía respuestas rápidas a esos dos profesores que combatían con el castellano. Lo ví tan rosáceo y huesudo, tan inmóvil y a la vez tan ágil para elaborar una idea. Pero sobre todo lo vi tremendamente viejo y cansado. Me senté lejos para no interrumpirlo, y en eso estaba cuando uno de los visitantes, con ánimo de despedirse, le preguntó si podía tomarle unas fotos. Borges asintió como en otro mundo. Y entonces ocurrió un episodio curioso: los dos profesores se turnaron para hacerse fotos con Borges. Ponían caras, se recostaban confianzudamente a su lado, hacían gestos festivos y un tanto insolentes. Borges era ciego y no podía advertir todas las payasadas que hacían a su lado. Pero yo sí las veía. Parecían dos salvajes danzando alrededor de un tótem. Sentí algo así como repugnancia. Les tomé una última foto, y al irse me di cuenta de que aquellos dos contarían durante años en Europa la larga amistad que tenían con ese genio y que mostrarían, como pruebas irrefutables, esas imágenes apócrifas que, en realidad, se habían sacado como turistas lejanos junto a un monumento glorioso.

Ya solos, saqué mi grabador, me senté junto a Borges y comencé a hacerle preguntas. El tema lo seguía apasionando: el peronismo. Nada apasiona tanto como odiar. Me contó en detalle las ignominias que habían padecido él, su familia y sus amigos, y la alegría que había sentido en medio de aquella lluvia de septiembre, mientras Perón huía en la cañonera. También dedicó frases irreproducibles a Evita, que publicadas armaron un gran lío y que provocaron repudios airados por parte de los bloques justicialistas de Diputados y Senadores.

No sabía, claro está, que al despedirme me estaba despidiendo para siempre de aquel amigo que paradójicamente me acompañaría toda la vida. Exactamente un año después, el 14 de junio de 1986, se moría en Ginebra el más grande escritor en lengua española después de don Miguel de Cervantes. Como Juan Dahlmann, Borges finalmente había aceptado su destino, había recogido el cuchillo y había salido a la llanura. A la muerte. Y también a la inmortalidad.

Nos deleitamos con los poemas de Alfonsina Storni en “Retratos de gente no tan común”

3 Jun

Alfonsina Storni Martignoni nació en Suiza el 29 de mayo de 1892. Fue una poetisa y escritora argentina del modernismo.

Sus padres, dueños de una cervecería en San Juan, regresaron a Suiza en 1891. Y en 1896 volvieron a Argentina junto con Alfonsina, quien había nacido durante la estadía de la pareja en el país europeo. En San Juan concurrió al jardín de infantes y desarrolló la primera parte de su infancia. A principios del siglo XX la familia se mudó a Rosario, donde su madre fundó una escuela domiciliaria y su padre instaló un café . Alfonsina  dejó de asistir a la escuela y comenzó a trabajar lavando platos y atendiendo las mesas  en el bar de su familia a los diez años; pero dado que este trabajo no le gustaba se independizó y consiguió empleo como actriz. Más tarde recorrería varias provincias en una gira teatral.

Storni ejerció como maestra en diferentes establecimientos educativos y escribió sus poesías y algunas obras de teatro durante este período. Su prosa es feminista, ya que busca en ella la igualdad entre el hombre y la mujer. Su obra se divide en dos partes: una de corte romántico, que trata el tema desde el punto de vista erótico y sensual;  y una segunda etapa en la que deja de lado el erotismo y muestra el tema desde un punto de vista más abstracto y reflexivo. 

Fue diagnosticada con cáncer de mama.  Esto la deprimió, provocándole un cambio radical en su carácter y llevándola a descartar los tratamientos médicos para combatirla.

Se suicidó en Mar del Plata arrojándose de la escollera del Club Argentino de Mujeres. Hay versiones románticas que dicen que se internó lentamente en el mar. Actualmente sus restos se encuentran enterrados en el Cementerio de la Chacarita.

Datos que reciclamos…

  • Su padre, un hombre «melancólico y raro», fue quien eligió el nombre. Años más tarde, Alfonsina le diría a su amigo Fermín Estrella Gutiérrez: «me llamaron Alfonsina, que quiere decir dispuesta a todo».
  • Su madre tenía dificultades para enseñarle a decir la verdad. Alfonsina inventaba incendios, robos, crímenes que nunca aparecían en los policiales de los periódicos, metía a su familia en líos y en una oportunidad invitó a sus docentes a pasar las vacaciones a una quinta imaginaria en las periferias de la ciudad.
  • En el año 1909 dejó su hogar para terminar sus estudios en Coronda. En esa localidad se dictaba la carrera de maestro rural, en la Escuela Normal Mixta de Maestros Rurales. Fue aceptada por su entusiasmo, ya que no tenía certificado de estudios primarios y tampoco aprobó el examen de ingreso, pero la escuela recién abría y necesitaba alumnos.
  • El 21 de abril nació su hijo Alejandro, sin padre conocido; el parto se llevó a cabo en el hospital San Roque (hoy Hospital Ramos Mejía).
  • Sufría de paranoia. Se creía observada por los mozos de los cafés, los guardas de los tranvías y casi todo ciudadano normal que se cruzara con ella.

Su relación con Horacio Quiroga

Horacio Quiroga comenzó a concurrir al cine con Alfonsina y los hijos de ambos y en una oportunidad en una reunión en una casa de la calle Tronador, donde se reunían los escritores de la época, jugaron a las prendas, consistiendo en que Alfonsina y Horacio debían besar al mismo tiempo las caras de un reloj de cadena que sostenía Horacio. Éste rápidamente retiró el reloj en el momento que Alfonsina se aproximaba a sus labios terminando en un beso.

Esta relación finalizó en 1927, cuando el escritor conoció a María Elena Bravo y contrajo su segundo matrimonio. Nunca se supo si él y Alfonsina fueron amantes, ya que no abordaban el tema del amor como tales.

Su final

El 18 de octubre de 1938 viajó a Mar del Plata.  Desde allí envió tres cartas: una a su hijo, Alejandro; otra a Gálvez, para que procurase que a su hijo no le faltase nada, y un poema de despedida al diario La Nación:

Dientes de flores, cofia de rocío,
manos de hierbas, tú, nodriza fina,
tenme puestas las sábanas terrosas
y el edredón de musgos escardados.

Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame.
Ponme una lámpara a la cabecera,
una constelación, la que te guste,
todas son buenas; bájala un poquito.

Déjame sola: oyes romper los brotes,
te acuna un pie celeste desde arriba
y un pájaro te traza unos compases

para que olvides. Gracias… Ah, un encargo,
si él llama nuevamente por teléfono
le dices que no insista, que he salido…

Hacia la una de la madrugada del martes 25 Alfonsina abandonó su habitación y se dirigió a la playa La Perla.